La paz y la tranquilidad de un pueblo que absorbe como arenas movedizas. Una tranquilidad axfixiante y solitaria, una tranquilidad perturbadora. Ese sentimiento anodino que atrae tristeza y que hace que el cuerpo se tranquilice y la mente se acelere soñando que viajas lejos.
Cada vez que alguien te dice que se marcha, sientes tristeza y alegría. Las personas siguen con su vida, una parte de tí les envidia y otra quiere que puedas ser tu quien diga eso.
Es como dejarse caer entre plumas, suave y tranquilo, pero cuando quieres salir, solo te hundes más y más, hasta el punto en el que decides dejarte envolver y no luchar por salir.
El Burgo de Osma.... la ciudad de la alegría.
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