No importa el cómo, ni el cuándo, tampoco el dónde.
Sólo importa el hecho. Perdimos la libertad por jugar a ser dioses, ahora sabedores de nuestra simpleza lloramos maldiciendo nuestra arrogancia. Existe una única oportunidad. Un intento desesperado por recuperar aquello que consideramos inherente a nosotros.
Una pequeña esperanza, un punto de luz en la titánica oscuridad del universo.
Suficiente para alentar el espíritu humano.

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